Publicado el 23/05/2025 por Administrador
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Una nueva medida del expresidente y actual candidato Donald Trump ha encendido las alarmas en América Latina y entre millones de familias migrantes: el Congreso de Estados Unidos ha aprobado, por estrecho margen, un controvertido impuesto del 3.5% sobre las remesas enviadas por personas no ciudadanas, lo que representa un golpe directo a los ingresos de cientos de miles de hogares en países latinoamericanos.
La disposición forma parte de la “Big Beautiful Bill”, un megaproyecto legislativo que recoge varios puntos del plan económico de Trump, incluido este gravamen a las remesas enviadas por migrantes sin ciudadanía estadounidense. Aunque la propuesta original contemplaba un 5%, la presión diplomática —especialmente desde México— logró que se redujera al 3.5%.
Este impuesto afectará no solo a migrantes indocumentados, sino también a residentes legales y trabajadores con visa temporal. La medida ha sido duramente criticada por gobiernos latinoamericanos, expertos en economía y organizaciones de derechos humanos, que la califican de injusta, regresiva y discriminatoria.
En países como México, Honduras, El Salvador y Guatemala, las remesas representan entre el 10% y el 30% del Producto Interno Bruto (PIB). Solo en el caso mexicano, se estima que la medida podría reducir el flujo de remesas en más de 3.200 millones de dólares anuales, afectando seriamente a las economías locales que dependen de estos envíos para subsistir.
Desde Washington, el Caucus Hispano del Congreso estadounidense denunció la medida como “una penalización a la pobreza” y advirtió que esto podría empujar a los migrantes a utilizar canales informales y no regulados, facilitando el crecimiento de redes de lavado de dinero y crimen organizado.
Economistas alertan además que, lejos de disuadir la migración, la medida podría agravarla. “Si se reducen los ingresos familiares en los países de origen, más personas se verán forzadas a migrar buscando oportunidades”, explicó la analista económica Marcela Gómez desde Nueva York.
Por su parte, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum sostuvo una conversación telefónica con Trump para expresar su rechazo categórico a la medida, y advirtió que podría tener repercusiones diplomáticas. Otros mandatarios latinoamericanos se han sumado a las críticas, conformando un frente común para exigir al Senado estadounidense que frene esta iniciativa.
El proyecto aún debe ser ratificado por el Senado, donde el ala republicana tiene mayoría, pero también enfrenta divisiones internas. Mientras tanto, crece la tensión entre Washington y sus socios del sur, que ven con preocupación cómo esta política puede transformar drásticamente el mapa económico y social de América Latina.
La incertidumbre sobre el impacto a largo plazo de esta medida no solo afecta a los gobiernos latinoamericanos, sino que también siembra preocupación entre millones de familias que dependen de las remesas para sobrevivir. La economía del sur vuelve a temblar al ritmo de las decisiones del norte.