Publicado el 17/07/2025 por Administrador
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En un giro político sin precedentes, el gobierno de Siria ha transferido formalmente el control de la seguridad en la provincia de Sweida a líderes comunitarios drusos, en un intento por contener una creciente ola de violencia sectaria y evitar una expansión del conflicto a nivel nacional.
La decisión se produce tras varios días de intensos enfrentamientos entre milicias drusas y grupos beduinos, así como choques con fuerzas del gobierno, que dejaron más de 300 muertos entre combatientes y civiles. El detonante de la crisis fue una serie de secuestros y asesinatos atribuidos a ambas comunidades, desatando una escalada que convirtió a Sweida en un polvorín al sur del país.
Presionado por la comunidad internacional y tras una compleja mediación impulsada por Estados Unidos, Turquía y países árabes, el presidente interino Ahmad al‑Sharaa accedió a una retirada completa del ejército de la zona. En su lugar, líderes religiosos y comandantes de facciones drusas asumirán la gestión de la seguridad local bajo un acuerdo de tregua.
El objetivo inmediato es evitar un conflicto abierto con Israel, que ha expresado su preocupación por la situación de la minoría drusa en Siria. De hecho, en los últimos días, aviones israelíes bombardearon posiciones militares sirias cerca de Damasco y la propia Sweida, argumentando que respondían a amenazas sobre sus comunidades drusas del Golán.
La retirada del ejército sirio marca un punto de inflexión. Por primera vez desde el inicio del conflicto civil en 2011, una provincia entera queda bajo control no gubernamental, con autonomía para gestionar su propia seguridad. El gobierno de Damasco ha justificado la medida como un acto de “respeto a la unidad nacional” y una forma de “proteger la identidad de la comunidad drusa”.
Sin embargo, esta cesión de poder genera inquietud. Analistas temen que se siente un precedente para la fragmentación territorial del país. Si bien la entrega temporal del control busca preservar la paz, podría incentivar a otras regiones o minorías a exigir estructuras de autogobierno similares, desafiando la ya debilitada autoridad central.
Dentro de la comunidad drusa, las posturas están divididas. Algunos líderes, como el influyente Hikmat al‑Hijri, se han mostrado reticentes a colaborar con el régimen, mientras que otros ven esta oportunidad como un triunfo de la resistencia comunitaria frente a años de marginación.
La medida también plantea desafíos en el corto plazo: ¿cómo evitar represalias entre comunidades? ¿Cómo se garantizará el respeto a los derechos humanos sin una fuerza neutral? ¿Y qué papel jugarán potencias como Irán, Rusia e Israel en la reconfiguración del sur de Siria?
A pesar de las tensiones, en Sweida se respira una tensa calma. Las calles, antes marcadas por la presencia de tanques y barricadas, son ahora patrulladas por milicias locales que aseguran estar comprometidas con la paz. Pero el temor persiste entre la población: cualquier chispa podría reavivar el fuego.
El futuro de Sweida es incierto, pero su presente marca una nueva etapa en la historia reciente de Siria. Una etapa en la que las comunidades locales comienzan a tomar las riendas de su destino, en medio de un país aún sumido en la fragilidad y la reconstrucción.