Publicado el 29/06/2025 por Administrador
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El ejército israelí emitió este domingo una orden de evacuación inmediata para miles de civiles en el norte de la Franja de Gaza, particularmente en el campo de refugiados de Jabalia y varios barrios de Ciudad de Gaza como Zeitun, Sabra y Al-Tuffah. La decisión se da en medio de una nueva fase de ataques militares que han dejado un rastro de destrucción y muerte.
Las autoridades israelíes instruyeron a los residentes a desplazarse hacia el sur, específicamente a la zona de Al-Mawasi, ubicada en Khan Younis, que ha sido declarada como un supuesto "corredor humanitario". Sin embargo, organizaciones internacionales denuncian que incluso en esa zona se han registrado ataques recientes, lo que pone en duda su seguridad real.
Durante esta jornada, al menos 23 civiles, entre ellos mujeres y niños, murieron en nuevos bombardeos que golpearon sectores residenciales. Las imágenes desde el terreno muestran edificios reducidos a escombros, ambulancias desbordadas y familias intentando huir con lo poco que pudieron cargar.
La ofensiva, que se remonta a octubre de 2023, ha dejado más de 56 mil muertos y ha desplazado a casi la totalidad de la población gazatí, estimada en 2,3 millones de personas. La infraestructura está colapsada: hospitales sin suministro, alimentos escasos y servicios básicos inexistentes.
Uno de los puntos más alarmantes es la situación de los niños. Autoridades locales confirmaron que al menos 66 menores han muerto por desnutrición, debido al bloqueo que impide la entrada de ayuda humanitaria. Solo una organización cuenta actualmente con permiso para distribuir suministros, lo que ha generado una crisis sin precedentes.
Mientras tanto, actores internacionales como Egipto, Catar y Estados Unidos intentan reactivar negociaciones de cese al fuego. Hamas ha mostrado disposición a dialogar, pero exige condiciones firmes: el fin de la guerra y la retirada total de las fuerzas israelíes.
Líderes internacionales han comenzado a alzar la voz. El expresidente Donald Trump instó públicamente a un alto al fuego y la liberación de rehenes, mientras que en Israel se debate si extender la ofensiva podría poner en riesgo a los secuestrados que aún permanecen en Gaza.
Juristas internacionales advierten que obligar a la población a desplazarse bajo amenazas de ataques, sin garantizar su seguridad y sin ofrecer refugio real, podría constituir un crimen de guerra. No es la primera vez que se denuncia este tipo de prácticas en el conflicto.
En el terreno, la desesperación crece. Las familias viven hacinadas en escuelas, mezquitas y tiendas improvisadas. Muchos se niegan a evacuar, temiendo que, al salir, jamás puedan regresar. La palabra “evacuación” se ha vuelto sinónimo de despojo definitivo.
La comunidad internacional sigue sin actuar con contundencia. A pesar de las resoluciones y condenas, la violencia no cesa. Gaza arde, y su población, cada vez más agotada y atrapada, espera un alto al fuego que parece lejano.