Publicado el 31/07/2025 por Administrador
Vistas: 110
La economía de Lesoto, uno de los países más pequeños y dependientes del textil en el sur de África, atraviesa una crisis profunda tras la decisión del gobierno de Estados Unidos de imponer aranceles del 50 % a sus exportaciones, en particular al sector de confección, el principal sostén económico del país.
Desde que entró en vigor esta medida arancelaria, anunciada como parte de un nuevo enfoque “recíproco” del comercio exterior bajo la administración de Donald Trump, el impacto ha sido inmediato y devastador. Decenas de fábricas textiles han reducido o detenido sus operaciones debido a la caída drástica en los pedidos desde el mercado estadounidense. El sector empleaba a unas 40.000 personas, en su mayoría mujeres, muchas de ellas jefas de hogar, que ahora enfrentan el desempleo y la incertidumbre.
Empresas emblemáticas del sector, como Tzicc, han cerrado líneas de producción enteras. Marcas estadounidenses como Walmart, JCPenney y Costco han cancelado contratos debido al aumento de los costos, lo que ha desatado un efecto en cadena en la economía local. Los sectores del transporte, alimentación, comercio informal y servicios también se ven gravemente afectados.
Ante la magnitud del impacto, el gobierno de Lesoto ha declarado un estado de desastre nacional, alertando sobre la amenaza que esta crisis representa para la estabilidad económica y social del país. Con un desempleo juvenil ya por encima del 30 % antes de esta medida, los nuevos despidos masivos elevan el riesgo de agitación social, migración forzada y aumento de la pobreza.
La administración de Lesoto ha expresado su desconcierto ante la decisión de Washington. Autoridades del país aseguran que no recibieron aviso previo ni una justificación clara del porqué fueron incluidos con la tasa más alta dentro del paquete arancelario. Argumentan que Lesoto no representa una amenaza comercial para EE.UU. y que sus exportaciones, enfocadas principalmente en ropa y textiles básicos, son insignificantes en volumen frente a otros países más competitivos.
Además, la imposición de aranceles pone en entredicho el futuro del programa AGOA (Ley de Crecimiento y Oportunidades en África), que durante más de dos décadas permitió a varios países africanos, incluido Lesoto, exportar libre de aranceles a Estados Unidos. El programa expiró en 2024 y su renovación quedó en el limbo, coincidiendo con la reorientación de la política exterior estadounidense hacia un modelo más proteccionista.
Expertos en comercio internacional advierten que esta medida puede destruir completamente la industria textil de Lesoto, que representa más del 90 % de sus exportaciones manufactureras y es la principal fuente de divisas. Algunos incluso señalan que el país podría retroceder décadas en términos de desarrollo económico si no se revierte o compensa esta decisión.
Desde Washington, la administración Trump ha defendido los aranceles como una estrategia para equilibrar el comercio internacional, asegurando que países que imponen barreras a productos estadounidenses deben recibir un trato similar. Sin embargo, críticos de esta política argumentan que se trata de una medida desproporcionada, que castiga a economías frágiles sin tener en cuenta las desigualdades estructurales del comercio global.
A medida que la crisis se agrava, Lesoto ha enviado una delegación para negociar con funcionarios estadounidenses, buscando una salida diplomática que permita salvar miles de empleos y evitar el colapso de su principal industria. Mientras tanto, la población enfrenta un futuro incierto y un panorama económico cada vez más sombrío.