Publicado el 13/07/2025 por Administrador
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El expresidente de Nigeria, Muhammadu Buhari, falleció este domingo en un hospital de Londres a la edad de 82 años, tras una prolongada enfermedad que venía afectando su salud desde hace años. La noticia fue confirmada por la Presidencia nigeriana, que expresó su pesar por la pérdida de uno de los líderes más influyentes y controvertidos en la historia reciente del país africano.
Buhari, quien gobernó Nigeria en dos etapas —primero como líder militar entre 1983 y 1985, y luego como presidente civil entre 2015 y 2023—, es recordado tanto por sus promesas de lucha contra la corrupción como por las críticas a su estilo autoritario y su gestión de la seguridad nacional.
Su ascenso inicial al poder se produjo mediante un golpe de Estado militar. Sin embargo, décadas después regresó al escenario político por la vía democrática y logró una victoria histórica en las elecciones de 2015, convirtiéndose en el primer candidato opositor en derrotar a un presidente en funciones en Nigeria. Este retorno lo presentó como un "convertido en demócrata", intentando distanciarse de su pasado castrense.
Durante su presidencia civil, Buhari impulsó planes de infraestructura, desarrollos ferroviarios y programas sociales enfocados especialmente en el norte del país, su bastión político. También prometió acabar con la corrupción, lo que le valió el respaldo de sectores conservadores y religiosos. Sin embargo, sus gobiernos estuvieron marcados por una creciente inseguridad, la expansión de grupos yihadistas como Boko Haram, crisis económicas recurrentes, y un estilo de gobierno que muchos consideraron distante y lento para reaccionar ante emergencias nacionales.
Uno de los episodios más oscuros de su administración fue la brutal represión del movimiento #EndSARS en 2020, cuando las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra manifestantes que protestaban contra los abusos policiales. A esto se sumaron frecuentes restricciones a las libertades digitales y sociales, incluida la suspensión de redes sociales como Twitter.
La salud de Buhari fue motivo de constante preocupación. A lo largo de su segundo mandato, pasó largas temporadas fuera del país, casi siempre en Londres, recibiendo tratamiento médico por causas nunca completamente aclaradas. Su prolongada ausencia del país en varios periodos provocó dudas sobre su capacidad para ejercer el cargo, alimentando teorías de poder delegado a un entorno reducido y opaco.
La Presidencia de Nigeria ha ordenado el traslado del cuerpo a su estado natal, Katsina, donde será inhumado según el rito islámico. El actual presidente, Bola Tinubu, decretó tres días de duelo nacional en homenaje a su predecesor.
Muhammadu Buhari deja un legado mixto. Para algunos, fue un símbolo de disciplina y firmeza, una figura que intentó limpiar el sistema desde dentro. Para otros, fue un líder que no supo estar a la altura de los desafíos contemporáneos de Nigeria, especialmente en materia de derechos humanos, diversidad étnica y desarrollo sostenible.
Lo cierto es que su figura, polémica y firme, marcó más de cuatro décadas de la historia política nigeriana. Con su muerte, se cierra una era en la que Nigeria, la nación más poblada de África, intentó caminar entre las sombras del pasado militar y la promesa de un futuro democrático.