Publicado el 21/05/2025 por Administrador
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Aunque hoy es uno de los mayores focos de tensión internacional, el programa nuclear de Irán comenzó con el respaldo de Estados Unidos. Sí, el mismo país que ahora lidera los esfuerzos por frenarlo fue quien sembró la semilla de su desarrollo atómico hace más de seis décadas.
Todo comenzó en 1957, cuando el presidente Dwight D. Eisenhower promovía su iniciativa “Átomos para la Paz”. Bajo ese paraguas, Irán —entonces gobernado por el sha Mohammad Reza Pahlevi— firmó un acuerdo con Washington para el desarrollo de energía nuclear con fines pacíficos. La colaboración incluyó la entrega de un reactor nuclear de investigación en Teherán, alimentado con uranio enriquecido al 93%.
El objetivo era claro: modernizar Irán y convertirlo en un aliado estratégico con capacidades tecnológicas avanzadas. Pero todo cambió en 1979. La Revolución Islámica derrocó al sha y puso fin a la amistad con EE.UU. Desde entonces, el programa nuclear iraní pasó a ser visto como una amenaza, y no como un símbolo de progreso.
A pesar del aislamiento internacional, Irán siguió avanzando. En 1995 firmó un acuerdo con Rusia para terminar la planta nuclear de Bushehr, que finalmente entró en funcionamiento en 2011, convirtiéndose en la primera de su tipo en Medio Oriente. La desconfianza creció, y las potencias occidentales empezaron a sospechar que Teherán tenía ambiciones militares.
En 2015, Irán logró un histórico acuerdo con el llamado Grupo 5+1. El Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) limitaba su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. Pero en 2018, Donald Trump se retiró del pacto, argumentando que Irán seguía engañando al mundo. Las sanciones volvieron con fuerza, y las tensiones escalaron.
Hoy, Irán ha aumentado su nivel de enriquecimiento de uranio, acercándose a los umbrales necesarios para una bomba nuclear. Mientras tanto, Teherán insiste en que su programa tiene fines pacíficos y acusa a Occidente de hipocresía y doble rasero.
Esta historia revela un detalle poco conocido: fue Estados Unidos quien, en su momento, abrió la puerta nuclear de Irán. Lo que empezó como una alianza estratégica, hoy es un rompecabezas diplomático de escala global.