Publicado el 21/05/2025 por Administrador
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China ha dejado de ser un observador pasivo en América Latina para convertirse en protagonista estratégico. A través de multimillonarias inversiones, apertura comercial y una diplomacia cada vez más activa, el gigante asiático avanza con paso firme en una región que durante décadas estuvo bajo la influencia casi exclusiva de Estados Unidos.
En mayo de 2025, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva firmó en Pekín más de 20 acuerdos con China, por un valor estimado en 4.800 millones de dólares. Aunque Lula evitó alinearse formalmente con la Iniciativa de la Franja y la Ruta, dejó clara su intención de fortalecer la relación bilateral sin comprometer la unidad latinoamericana.
Colombia también ha movido ficha. El gobierno de Gustavo Petro anunció su intención de unirse al Banco de Desarrollo de los BRICS, con sede en Shanghái, comprometiendo una inversión de 512 millones de dólares. El objetivo: financiar obras clave como un canal interoceánico que conecte el Pacífico con el Caribe.
China ha ido más allá del dinero: desde mayo, ciudadanos de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay pueden ingresar al país asiático sin visa por hasta 30 días. Una jugada diplomática que busca estrechar los lazos comerciales, turísticos y culturales con la región.
El comercio bilateral entre China y América Latina ya supera los 515.000 millones de dólares anuales. Además, se ha puesto sobre la mesa una línea de crédito regional por 9.200 millones de dólares, sumada a múltiples proyectos de infraestructura impulsados por empresas chinas.
Uno de los más emblemáticos es el nuevo puerto de Chancay en Perú, desarrollado por COSCO Shipping Ports, con una inversión superior a los 3.500 millones de dólares. Este megaproyecto promete convertir al país andino en el hub logístico más importante del Pacífico sur, conectando Sudamérica con Asia en tiempo récord.
Todo este despliegue económico y diplomático desafía abiertamente la influencia tradicional de Estados Unidos en la región. Mientras Washington adopta una postura cada vez más cerrada y reactiva, Pekín ofrece oportunidades, inversión y acceso sin restricciones.
América Latina se encuentra en una encrucijada geopolítica. ¿Seguir atada al viejo orden o aprovechar la ola de oportunidades que trae el nuevo "dragón"? Lo cierto es que el gigante chino no solo ha llegado para quedarse, sino para liderar.